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El principio contributivo en los Pactos de Toledo

Con los Pactos de Toledo en 1995 se inicia la etapa denominada de la concertación, donde se acuerdan las adaptaciones necesarias del sistema de la Seguridad Social de acuerdo con las necesidades planteadas en cada momento. En todo caso, siempre se mantienen ciertos principios estructurales, entre ellos, el principio contributivo.

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El principio contributivo en los Pactos de Toledo

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¿Qué es el principio contributivo?

Es uno de los principios básicos de la Seguridad Social, que consiste en que quien contribuye al sistema, es protegido por él.

Además, la protección obtenida por los beneficiarios en sus distintos estados de necesidad, es proporcional a lo que ha contribuido a él.

Este principio genera confianza en los ciudadanos que trabajan y, por tanto, cotizan al sistema, dado que saben que cuando se encuentren en una situación de necesidad de las tipificadas en la norma, y pierdan su salario, recibirán una prestación que sustituya proporcionalmente a las rentas perdidas.

Origen y evolución del principio

El principio contributivo es la base de la Seguridad Social del modelo continental. Cuando Bismarck organizó el sistema en Alemania, lo concibió como un conjunto de prestaciones que protegían los estados de necesidad de aquellos que contribuían previamente. Esta idea se trasladó al resto de los Estados cercanos, incluido el español.

Así, nuestra Seguridad Social se funda sobre el principio de contributividad, en contraposición al modelo asistencial que es el sistema que se origina en los países anglosajones. Este último se basa en la protección de la carencia de rentas de los ciudadanos, sin tener en cuenta las cotizaciones previas.

No obstante, en la Constitución Española  de 1978 se matiza el principio contributivo, cuando se incluye la protección universal de los ciudadanos, esto es, se reconocen la posibilidad de obtener prestaciones no solo basadas en las contribuciones, sino también en la carencia de recursos. Esta opción lleva a la aprobación en 1990 de una norma que regula las prestaciones no contributivas. Desde este momento, nuestro sistema se convierte en un modelo mixto, aunque prevalentemente contributivo.

En este sentido, los Pactos de Toledo volvieron a insistir en el mantenimiento de este importante principio en el sistema de la Seguridad Social, con independencia de las matizaciones generadas por la regulación de las prestaciones no contributivas.

La separación de fuentes de financiación

Otro de los principios fundamentales de los Pactos de Toledo es el de separación de las fuentes de financiación del sistema de la Seguridad Social.

De este modo, las prestaciones contributivas van a ser financiadas a través de las cotizaciones, mientras que las no contributivas se gestionan desde los impuestos.

De hecho, incluso los complementos por mínimos de las pensiones contributivas, cuando los beneficiarios no llegan a las marcadas como pensiones mínimas, son financiadas a través de los impuestos.

Otros elementos vinculados al principio de contributividad

En el sistema de la Seguridad Social se busca en la mayor medida posible la tasa de sustitución, esto es, se entiende que el beneficiario de las prestaciones debe recibir una cuantía que sea proporcional al salario que ha perdido.

Las cotizaciones se basan en las retribuciones recibidas, y las bases de cotización son las que se utilizan para calcular las distintas prestaciones de la Seguridad Social. Por esto, los beneficios se determinan proporcionalmente a lo que ha contribuido el beneficiario con anterioridad. 

No obstante, el principio contributivo se ve matizado por el principio de solidaridad, por lo que las pensiones están topadas. Es decir, se limita la cuantía a través de las denominadas pensiones máximas con el fin de trasladar el esfuerzo al mantenimiento de las mínimas.

Autor: Eva María Blázquez Argudo - UC3M

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