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El reto de la longevidad en el siglo XXI. Cómo formarte, trabajar y jubilarte en una vida de más de 100 años

Una vida más larga y saludable es un regalo, que a su vez plantea retos importantes, adicionalmente al financiero que habitualmente abordamos en BBVA MI Jubilación. Abordamos ahora otra de las realidades que se encontrarán las nuevas generaciones que se están incorporando al mercado laboral: el adiós a la vida en tres etapas claramente separadas entre si (estudio, trabajo, jubilación).

Tiempo de lectura: 4 minutos

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El reto de la longevidad en el siglo XXI. Cómo formarte, trabajar y jubilarte en una vida de más de 100 años

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Es decir, la mayor longevidad traerá consigo la necesidad de una vida activa más larga. Además, ese incremento de la longevidad unido a la irrupción exponencial de las nuevas tecnologías producirá un mundo laboral más cambiante e inestable (aunque con mayores oportunidades), y además hará necesario reinventar todos los elementos a su alrededor, como la formación y el aprendizaje, los tipos de empleos y la forma de prestarlos.

Asumimos con un fuerte convencimiento la predicción de que el impacto de COVID19 en la ralentización de la longevidad será temporal, y que, una vez pasada la misma, nos hará más fuertes como sociedad para afrontar futuras pandemias y otras crisis, y que en todo caso continuará la tendencia de incremento de la esperanza de vida en el camino de alcanzar en la segunda parte del siglo XXI vidas que habitualmente duren más de 100 años.

Ante el final de una vida en 3 etapas

Actualmente, la vida de las personas se suele estructurar en tres etapas, claramente diferenciadas entre ellas para la mayor parte de los individuos. Estas etapas y su duración media aproximada, son las siguiente:

Este calendario de vida, tal y como lo solíamos conocer, probablemente sufrirá importantes cambios durante las próximas décadas.

Pese al pequeño alto en el camino que ha supuesto el incremento de la mortalidad por COVID19, el incremento progresivo de la esperanza de vida durante las próximas décadas, traerá como consecuencia, para muchas de las personas nacidas a partir del año 2000, vidas de 100 años o más, lo que hará muy difícil el mantenimiento de una vida en tres etapas. La generación de los nacidos en 2004, será la primera que mayoritariamente llegue a los 100 años de vida.

Los modelos de vida en tres etapas (estudio/trabajo/jubilación) empiezan a no ser sostenibles por la dificultad de financiar las pensiones durante más años de jubilación debido a la mayor esperanza de vida de los que llegan vivos a los 65 años y en no pocos casos, por la frustración que supone la inactividad profesional durante un periodo inactivo tan largo.

Incluso en España, y aunque ahora se niegue por los poderes públicos y por una parte significativa de la ciudadanía, las personas probablemente tengan que trabajar hasta los 70 o incluso 75 años.

Como consecuencia de ello, la vida tendrá múltiples etapas.

En una vida de 100 años, pese al incremento de la productividad y de la riqueza que aporten los robots y otras nuevas tecnologías, y aunque ese incrementó de la riqueza fuera equitativamente repartido en la sociedad y no concentrada en una minoría, será difícilmente viable pasar más de la mitad de la misma inactivo: es decir, estudiando y/o retirado (incluyendo dentro de retirado también el vivir inactivo o disfrutando de ocio antes de la edad de jubilación).

NO será suficiente para procurarnos una jubilación financieramente solvente y emocionalmente plena continuar trabajando únicamente el 45% del total de la vida. Pero al mismo tiempo parece difícil de conseguir “sin fracasar en el intento” el trabajar continuadamente por ejemplo un 55% de una vida de 100 años (55 años) del modo que hoy se suelen prestar la mayor parte de los trabajos:  8 horas al día X 5 días a la semana, en una oficina (*), fabrica, etc.

(*) Len relación a la presencialidad nos referimos a la situación previa a COVID19 y al cambio de tendencia que ha supuesto para el trabajo remoto e hibrido en el caso de ciertos tipos de trabajo. No obstante, dudamos de su continuidad generalizada en el futuro para muchos empresas y sectores, incluso en los casos en los que la presencialidad no es necesaria.

Al mismo tiempo, el mercado laboral se transformará exponencialmente por los efectos de las nuevas tecnologías y la disrupción que las mismas facilitan en el sentido que más adelante comentamos.

Una vida en Múltiples etapas

Esta podría ser el esquema de la vida de muchas de las personas nacidas a partir de 2000:

Por lo tanto, un ejemplo de vida de 100 años estándar en el futuro (cuando la mayor parte de las personas vivan un siglo o más) podría distribuirse de la siguiente manera:

  • 50-55 años trabajando (entre 10 y 12 de esos años combinando trabajo y retiro).
  • 30 años estudiando en diversos momentos de nuestra vida (con paradas para el reciclaje, aprendizaje y desaprendizaje continuo, replantearnos nuestro futuro).
  • 15 años o 20 años de retiro completo.

No obstante, si hay algo que tendrán las futuras vidas de 100 años, serán múltiples opciones y caminos, y formas de vivirse, por lo que estandarizar un tipo de vida en un caso no será inclusivo de por si de una mayoría de realidades.

¿Sirven las recetas del pasado y del presente para el futuro del trabajo?

NO. La vida y el mundo laboral que se encontrará una persona nacida en 1998 será diferente a la que se habrá encontrado su padre (nacido por ejemplo en 1970) o su abuelo (nacido en 1940).

La mayor longevidad de la generación nacida con el siglo, les obligará a una prolongación de su vida activa (carrera profesional). Como consecuencia de ello, se han de olvidar de una vida en tres etapas. Es simplemente imposible que lo aprendido en la etapa escolar y universitaria sirva hasta los 70 años, con el nivel de evolución de la tecnología.

Estos jóvenes se encontrarán con que durante su vida:

  • Desaparecerán muchos de los trabajos actuales, tanto de alta y baja cualificación, que serán realizados por robots.
  • Aparecerán nuevos trabajos que no existen actualmente y serán necesarios nuevas competencias para ejercerlos.
  • Tendrá que dedicar tiempo permanentemente a adquirir esas nuevas competencias y a refrescar las competencias adquiridas durante las distintas etapas de la carrera profesional para no quedar obsoleto.
  • Además, deberán desarrollar competencias transversales, es decir aquellas capacidades comunes que se necesitan para los distintos tipos de profesiones (ejemplo, trabajo en equipo, tolerancia la cambio, creatividad, habilidades comunicativas, proactividad, influencia y liderazgo, aprendizaje continuo, etc.).
  • Será aún más relevante desarrollar la capacidad aprender y desaprender permanentemente ( “borrando” conocimientos que se vayan quedando obsoletos), que propiamente disponer al principio de una vida adulta de unos sólidos conocimientos técnicos adquiridos durante la etapa universitaria.
  • Deberán dedicar, en distintos periodos de su vida, parte del tiempo de ocio a la ”re-creación”, es decir a la reinvención de uno mismo.
  • Necesitaran dedicar etapas de su vida a “la exploración” de por dónde quieren seguir evolucionado.
  • La innovaciones y cambios tecnologicos aportaran mucha más flexibilidad y dinamicidad al mundo laboral y empresarial.
  • Si bien los robots sustituirán a los humanos en muchos trabajos, hay facetas trascendentales en el trabajo, como la intuición y la creatividad, en la que los humanos siempre superarán a esos robots, a la Inteligencia Artificial y a la Analítica de datos.

Este podría ser un ejemplo de una vida en 8 etapas para una persona nacida en 1998:

Las opciones serán múltiples y reversibles entre ellas a lo largo de la vida, sin una única elección al inicio de la misma que determine toda nuestra carrera profesional, sino con muchos caminos que se van encontrando: emprendimiento y exploración, vida corporativa en una gran empresa, años sabáticos y paradas para fomarse, cambios radicales de dedicación, etc.

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