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¿Por qué no ahorramos?

Deberíamos ahorrar para nuestra jubilación, para complementar la pensión pública que será la principal fuente de ingresos durante la misma, con el objetivo de lograr unos ingresos que nos permitan disfrutar al máximo de nuestra jubilación, sin apreturas financieras. Pero lograr ahorrar no es fácil, y no solo porque para muchas personas sus ingresos son limitados, si no principalmente debido a una serie de sesgos cognitivos y emocionales que condicionan nuestra voluntad de ahorrar.

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¿Por qué no ahorramos?

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Existen sesgos conductuales que condicionan nuestro ahorro y otros que, cuando por fin decidimos ahorrar, pueden condicionar la inversión nuestro ahorro. Los sesgos son trucos o atajos mentales que ayudan a simplificar el proceso de toma de decisiones, pero nos alejan del pensamiento racional. Hacen referencia a determinados errores en el razonamiento de las personas que afectan a su comportamiento.

Estos sesgos han sido estudiados por la Economía del Comportamiento (Behavioral Economics) y por su rama de Finanzas Conductuales.


La economía del comportamiento nos dice que somos mucho menos racionales de lo que creemos. Estamos condicionados por sesgos inconscientes y utilizamos atajos para tomar las distintas decisiones a las que nos enfrentamos cada día.

El sesgo del presente

Este es el sesgo conductual que más nos impacta porque condiciona casi cualquier decisión que tomamos en nuestras vidas. De acuerdo al sesgo del presente, preferimos la gratificación presente a la satisfacción futura, es decir, buscamos automáticamente la recompensa inmediata en lugar de pensar a largo plazo.

No visualizamos reflexivamente nuestro futuro. A las personas nos cuesta imaginarnos a nosotros mismos dentro un largo plazo de tiempo. Vemos nuestra jubilación muy lejana.

Somos muy buenos poniéndonos metas para el futuro, pero malos ejecutándolas en el momento presente: nos ponemos metas y procrastinamos en nuestro objetivo.


Si nos ofrecen elegir entre 200 euros hoy o 240 euros dentro de un mes, muy probablemente una buena parte de nosotros se quede con los 200 euros hoy, a pesar de que, desde el punto de vista de la economía tradicional, lo lógico sería elegir los 240 euros dentro de un mes.

En cambio, si nos dan a elegir entre 200 euros el año que viene o 240 euros dentro de un año y un mes, probablemente prefiramos los 120 euros. Esta inconsistencia en el tiempo se denomina descuento hiperbólico.

El catedrático de psicología y economía conductual Dan Ariely y su equipo de investigación de la Universidad de Duke, hicieron un experimento en el que preguntaban a un grupo de personas, a través de un sms, qué cantidad de la devolución que les habían hecho del impuesto sobre la renta querían ahorrar, y se lo preguntaban justo después de haber recibido la notificación de la devolución. La intención media de los encuestados era ahorrar un 10% de la devolución recibida.

Por otro lado, otro grupo recibió el mismo mensaje, pero antes de haber recibido en cuenta la devolución. En este caso, la cantidad que deseaban ahorrar alcanzaba el 15%. En definitiva, nos resulta más fácil comprometer nuestro yo futuro que nuestro yo actual.

Forma en la que el sesgo del presente condiciona nuestro ahorro para jubilación

Sabemos que es importante ahorrar, que la vida nos presenta situaciones inesperadas y que hay que estar preparado para el futuro. Hacemos planes, por ejemplo, para acumular un colchón de imprevistos o fondo de emergencias. Pero, a la hora de cumplir con ello, debemos buscar trucos para asegurarnos de que nuestro Yo presente no se olvide de nuestro Yo del futuro, o todos esos planes se quedarán sin cumplir. 

El resultado será que normalmente no ahorraremos porque eso implica un sacrificio hoy para obtener un beneficio en el mañana, no tangible ahora mismo.

¿Qué podemos hacer las personas, a título particular, para combatir el sesgo de presente y cumplir con nuestras metas de ahorro?

Estos son algunos consejos que podrían ser útiles:

  • Establecer a priori aportaciones periódicas en nuestros productos de previsión social (planes de pensiones) y de ahorro-inversión (fondos de inversión, PIAS, unit linked…).
  • Comprometernos de antemano con hacer ese ahorro. Por ejemplo, ante una subida de sueldo o ante una reducción de gastos (ej. al terminar de pagar un crédito), desde el primer mes establecer un sistema para ahorrar ese importe con el que no contábamos anteriormente.
  • Recurrir a huchas digitales. Las huchas digitales son cuentas de ahorro o alternativamente productos de ahorro previsional (planes de pensiones, seguros de ahorro unit linked) que están vinculadas a nuestra cuenta principal (ej. cuenta nómina), y en las que podemos a priori establecer transferencias automáticas de la cuenta principal hacia la hucha virtual ( por ejemplo, un porcentaje o  importe de nuestro salario mensual) o para el caso de que se cumpliesen  ciertas hipótesis ( ej. en caso de obtener superávit mensual en la diferencia entre nuestros ingresos y gastos).
    Compartir públicamente nuestro compromiso de alcanzar esa meta de ahorro, por ejemplo, con familiares y amigos.
  • Auto sensibilizarse que, del salario o ingresos que obtengamos, una vez descontados los gastos esenciales (comida, vivienda, educación), antes de gastar en ocio, aficiones y otros gastos discrecionales, se debe previamente reservar un dinero mensual para el ahorro.
  • Destinar pequeñas cantidades de nuestro consumo al ahorro jubilación a través de pequeñas renuncias diarias (ej., un café menos al día, o sustituirlo por uno tomado en casa, etc.).
  • Recurrir a sistemas de Pensiones a través de consumo, es decir a una serie de automatismos establecidos a priori y vinculados al consumo o gasto para lograr ahorrar para jubilación. A modo de ejemplo:

    • A través de sistema des redondeo, hasta la siguiente cifra redonda, de los importes de las compras pagadas a través de tarjetas de crédito o débito, redondeo que se aporta a la hucha digital ( cuenta corriente, plan de pensiones, etc.).

    • Generación de puntos, convertibles en aportaciones, por compras en algunos comercios y cadenas de supermercados asociadas a programas de pensiones a través del consumo. Asimismo, devolución de un porcentaje de los recibos por suministros (luz, gas, agua) y otros recibos. Estos programas son ofrecidos por algunos bancos, compañías de seguros y apps específicas.

Otros factores que limitan nuestra voluntad de ahorro: “nuestra capacidad económica”

 Uno de ellos es la limitada capacidad de ahorrar para muchas personas con ingresos medios y bajos.

Existe una convicción bastante generalizada de que las personas con salario bajos no tienen ninguna capacidad de ahorrar. No obstante, existen distintos ejemplos, como el caso de Reino Unido, que demuestran que las personas con salarios bajos pueden ahorrar: un 79% de los trabajadores con salarios entre 10.000 y 20.000 libras inscritos por sus empresas en instrumentos de pensiones del sistema de empleo (automatic enrolment) del Reino Unido, se han mantenido inscritos en los mismos, realizando la aportación obligatoria que les corresponde como trabajadores, que es detraída de su salario.

En no pocos casos, las personas con ingresos medios y medios-bajos pueden o podrían encontrar pequeños remanentes para el ahorro, por ejemplo, de la siguiente manera:

  • Llevando una gestión, control y un seguimiento de su economía personal (ingresos frente a gastos).
  • Destinando parte de su consumo a ahorro (a través de las mencionadas pensiones a través del consumo).
  • Y/o apartando para el ahorro un pequeño importe/porcentaje del gasto mensual hasta ahora destinado a ocio o a otros gastos superfluos.

Esos remanentes para el ahorro, tras el transcurso de toda una vida laboral, podrían suponer importes nada desdeñables que nos ayudasen a tener una mejor jubilación o a cumplir con otras metas financieras que tengamos.

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